Ellas y el Renacimiento de Harlem (I)

En este nuevo post de nuestro blog, vamos a hablaros de las mujeres que trabajaron sin descanso por el reconocimiento de la cultura afroamericana. Ellas no solo debían enfrentarse a la marginación por el color de su piel, también tuvieron que luchar contra la discriminación sexista, pero no desistieron. Son muchas, y todas ellas merecen ser recordadas, por eso hemos decidido hacer varias entregas, porque no queremos dejarnos a ninguna. Merece la pena conocerlas. Aquí tenéis la primera entrega con tres mujeres extraordinarias.

La lucha a través de la literatura

Jessie Redmon Fauset fue la editora literaria de la publicación The Crisis, dirigida por WEB Du Bois. Fue una de las primeras mujeres afroamericanas en licenciarse en la universidad. Gracias a su labor, los que se convertirían en los referentes literarios del movimiento cultural, pudieron darse a conocer. Se la conocía como “la matrona”, era una mujer extremadamente inteligente, que supo ver el talento en los jóvenes literatos que fichaba para la revista. Entre los autores que Fauset decidió publicar estaban Nella Larsen, Claude McKay o Jean Toomer. Fue la primera en editar a Langston Hughes, quien le puso su apodo. También editaba la revista infantil de The Crisis, The Brownie’s Book. Además, Fauset fue una escritora prolífica. Escribió artículos de opinión, poemas, cuentos y novelas cortas para la publicación periódica, y traducía los textos de autores negros de África y Europa. Publicó cuatro novelas que tratan sobre la cuestión racial: There is Confusion (1924), Plum Bun (1928), The Chinaberry Tree (1931) y Comedy, American Style (1933). Fauset era miembro de la NAACP, y participó en el segundo Congreso Panafricano que se celebró en Londres en 1921.
Queen Bess: como un pájaro en el cielo

Aunque Bessie Coleman no vivió en Nueva York, ni estuvo ligada directamente a los artistas del Renacimiento de Harlem, es un magnífico ejemplo del espíritu que inspiró al Movimiento. Hemos visto como a comienzos del siglo XX muchos afroamericanos se unieron y decidieron romper con las barreras sociales, políticas y artísticas que les impedían el paso. El paradigma de esta reacción se encontraba en el barrio de Harlem, pero en todos los rincones de Estados Unidos había personas con el mismo sentir. Coleman nació en 1982, en Texas en el seno de una familia sin recursos económicos. Sus padres fueron esclavos, y trabajaban como jornaleros. Asistía a la escuela y consiguió terminar sus estudios, a pesar de que la escuela cerraba cuando llegaba la época de la cosecha del algodón para que los niños trabajaran en ella. Era una niña inteligente a la que le interesaba la literatura y las matemáticas. Cuando Coleman terminó la formación básica, su padre abandonó a la familia, y se marchó a Oklahoma; en ese momento Coleman se convirtió en la cabeza de familia, cuidaba de sus hermanos menores y de su madre, y consiguió un trabajo como lavandera. Con el dinero que ahorró pudo asistir durante un año a la universidad de Langston (Oklahoma), pero su situación económica no le permitió seguir con los estudios. Ella y su hermano mayor, Walter, se trasladaron a Chicago, y allí Coleman trabajó en una peluquería encargándose de las manicuras. Con 23 años, tomó la decisión de que quería convertirse en piloto, después de haber escuchado las historias que contaban los pilotos que participaron en la I Guerra Mundial. Coleman sabía que se encontraría con muchos obstáculos para conseguir su sueño, sobre todo por el color de su piel, pero no desistió, y con la ayuda de Robert Abbott, editor del semanal afroamericano Chicago Defender, consiguió patrocinio para costearse la formación necesaria en Francia; entonces, ningún piloto blanco quería enseñar a una mujer afroamericana en Estados Unidos. Se licenció en 1921 y fue galardonada por la Federación Aeronáutica Internacional con la Licencia de piloto internacional, fue la primera persona afroamericana en conseguir esta licencia, y se convirtió en la primera mujer negra piloto de la historia. Viajó a los Países Bajos y a Alemania para completar su formación en acrobacias aéreas, y regresó a Estados Unidos. A su vuelta, su carisma y sus logros impresionaron a la prensa de todo el país, que la apodó Queen Bess, y pronto, todo el mundo reconoció su valentía. Coleman conseguía patrocinadores para sus exhibiciones, y se propuso abrir una escuela de aviación. En 1926 se organizó en Florida un espectáculo aéreo para recaudar fondos para la Jacksonville Negro Welfare League. Coleman y su mecánico, William D. Wills realizaron un vuelo de prueba para comprobar el funcionamiento del avión, pero una avería provocó que la aeronave cayera en picado, Coleman salió disparada del avión, falleció al impactar contra el suelo, y Wills murió al estrellarse el aparato. Se celebraron tres funerales en su memoria, miles de personas le presentaron sus respetos, en el que se celebró en Chicago asistieron cerca de diez mil. Su vida ha inspirado a miles de personas, se le ha rendido homenaje en multitud de ocasiones, y tanto la sociedad como lo medios de comunicación reconocieron la importancia que tuvo esta mujer en la historia. Mae Jemison, la primera mujer afroamericana astronauta, escribió un libro sobre Coleman (Queen Bess: Daredevil Aviator), en el que habla de la inspiración que supuso para su carrera las hazañas de la piloto.
Entre el activismo, la política y la cultura

Ethel Ray Nance fue una de estas mujeres pioneras y luchadoras por los derechos de los afroamericanos. Nance nació en Duluth (Minnesota), su padre, afroamericano, nació en Carolina del Norte, y su madre era una inmigrante sueca. El padre de Nance, fue determinante para la trayectoria de su hija, desde que era pequeña, él inculcó a sus hijos un espíritu crítico hacia las injusticias sociales, además, les transmitió su pasión por la literatura. Nance compaginaba sus estudios con actividades en una sociedad literaria femenina, clubes de idiomas y de atletismo. Trabajó como acomodadora en un cine, y se formó para trabajar como taquígrafa. La propia Nance, reconoció que la vida en Duluth no era fácil para los afroamericanos, y que su infancia fue solitaria, “podía pasar días sin ver a otra persona negra, aparte de los eventos de la escuela y las actividades de la iglesia, no había mucho que hacer”. En 1900 solo había unos cuatrocientos afroamericanos viviendo en la ciudad, un dos por ciento de la población. Cuando Nance terminó sus estudios y encontró un empleo en la Comisión de incendios de los bosques de Minnesota, viajó con su padre por el sur de Estados Unidos para conocer de primera mano la situación de los afroamericanos que vivían es esos estados. Tras un espantoso suceso que tuvo lugar al regreso de su viaje (unos jóvenes afroamericanos habían sido colgados en la calle por ser acusados de la violación de una mujer blanca) Nance y su padre tomaron la decisión de formar un grupo de la NAACP en Duluth. En 1921 Nance consiguió que WEB Du Bois viajara hasta Duluth para explicar en una conferencia las motivaciones de la Asociación. Más tarde, Nance se convertiría en la primera persona afroamericana que trabajó para la Legislatura de Minnesota. Fue nombrada secretaria de los comités de Educación, Distribución y Banca. En 1924 aceptó la invitación de la National Urban Ligue para dar una conferencia en Kansas, allí conoció a su fundador, también editor de la revista Opportunity, Charles Spurgeon Johnson. Empezó a colaborar en la revista, y se trasladó a Nueva York, como asistente de investigación de Johnson. Durante sus años en Harlem, también se dedicó a organizar eventos y salones literarios para escritores, y happenings para artistas afroamericanos. En 1926 regresó a Minnesota para cuidar de su madre enferma. Se creó la Oficina de la mujer en el Departamento de policía, y ella se encargó de él, convirtiéndose en la primera mujer afroamericana en entrar en el cuerpo de policía. Dejó el cargo unos años más tarde por un problema de artritis, y después de casarse y tener hijos, se convirtió en la secretaria de WEB Du Bois en la Fundación de Naciones Unidas de San Francisco, en 1945.
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