Edward Carpenter: El amor que inspiró a la literatura

Edward Carpenter fue ensayista, poeta, activista… Pero sobre todo, fue un hombre que decidió vivir una vida plena, conforme a sus principios y a sus valores, sin importarle las convenciones sociales de una época (la victoriana) que, sin duda, se caracterizó por su férreo código moral. Carpenter nació y vivió en la Inglaterra de finales del siglo XIX, pertenecía a una familia de clase media acomodada. Estudió teología en la Universidad de Cambridge y se unió, aunque por poco tiempo, a la Iglesia Anglicana, atraído por el socialismo cristiano. Cuando dejó el clero en 1874, se trasladó al norte de Inglaterra para ejercer como profesor del movimiento de divulgación universitaria, que tenía como misión extender la educación superior en las zonas más pobres del país. Tras estas experiencias, sacerdotal y pedagógica, Carpenter tomó conciencia de las diferencias e injusticias sociales, y se vinculó al movimiento socialista para denunciar las deplorables condiciones en las que trabajaban los obreros de las fábricas.

La sexualidad liberadora

Cuando los padres de Carpenter fallecieron, le dejaron una herencia considerable, que el poeta utilizó para asentarse en una pequeña granja en la localidad de Millthorpe. Es en este momento cuando decide vivir su sexualidad de forma abierta, y acepta que la homosexualidad es tan natural como la heterosexualidad. Esto le supuso una liberación que se tradujo en una gran inspiración creativa y en la búsqueda de una espiritualidad diferente a la fijada por el establishment inglés. Así, conoció a su admirado Walt Whitman; viajó a La India, donde descubrió las filosofías orientales; se convirtió en un pionero del activismo LGBT y de la ecología (denunció la contaminación del aire); adoptó una vida sencilla y natural: defendía el vegetarianismo, el nudismo y el uso de ropas simples (fue uno de los primeros ingleses en usar sandalias). Ahora, estos ideales nos parecen de lo más común, pero tengamos siempre presente la época de la que hablamos. Los miembros del Partido Laborista, al que pertenecía Carpenter, rechazaron estas ideas al considerarlas estrafalarias y excéntricas.

Todo, en la vida de Carpenter, contradecía las normas sociales de su tiempo. No olvidemos que en esta época aconteció un episodio vergonzoso e injusto, cuando se acusó de sodomía a Oscar Wilde y fue condenado a dos años de prisión y trabajos forzados. Pero esto no pareció amedrentar a Carpenter, que mantuvo su estilo de vida. En su pequeña granja disfrutaba con las visitas de amantes y amigos célebres como Isadora Duncan, Jack London, Henry S. Salt o Rabindranath Tagore.

En 1891, durante un viaje en tren, Carpenter conoció, a la persona más importante de su vida: un joven de veintiséis años llamado George Merrill, que pertenecía a una familia pobre de clase obrera de Sheffield. Se enamoraron y vivieron juntos en la pequeña granja durante más de treinta años, hasta 1928, cuando murió Merrill. En aquellos años, era inimaginable que dos hombres pudieran casarse, pero Carpenter y Merrill vivieron como un matrimonio. Esta unión, fue algo totalmente excepcional, no solo por tratarse de dos hombres homosexuales que vivían abiertamente su relación como pareja, también por la diferencia social que existía entre ambos, un intelectual de clase alta y un joven de clase obrera. Sin embargo, Carpenter y Merrill tomaron ciertas medidas para no verse envueltos en ningún escándalo como el de Oscar Wilde, y tuvieron que inscribir legalmente a Merrill como sirviente de la granja de Millthorpe para justificar su domicilio allí.
Maurice

El escritor Edward Morgan Forster, íntimo amigo de Carpenter, tras una visita a la granja de éste, escribió su célebre novela Maurice, inspirada en el amor entre el poeta y Merrill. La historia narra la vida de Maurice Hall, un joven inglés de clase alta y homosexual. Los tres protagonistas, Maurice, Clive y Alec, encarnan diferentes estratos sociales y clases de masculinidad. Este libro muestra perfectamente el rechazo a la homosexualidad de la sociedad inglesa de principios del siglo XX, las diferencias entre clases sociales y el sufrimiento que generó todo esto a las personas homosexuales. Sin embargo, Edward Morgan Forster no trata la homosexualidad como un tabú, y culminó su obra con un final feliz para sus personajes, que se enamoran y permanecen juntos, lo que hacía que la novela fuera más controvertida, si cabe, para la época. Aunque el autor sometió su obra a varias revisiones y contó con el apoyo de muchos amigos, Maurice no se publicó hasta mucho más tarde, en 1971, un año después de la muerte del escritor. En 1987 fue llevada al cine por el director James Ivory (Regreso a Howards End) y fue protagonizada por James Wilby como Maurice, Hugh Grant como Clive y Rupert Graves como Alec. La película fue nominada a tres Oscars, y en el Festival de Venecia fue nominada a cuatro premios, de los que ganó tres.
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